En su vuelta a los torneos internacionales, La T se impuso ante Sao Pablo con un contundente 2 a 0 y sueña con pasar de ronda.

por Hernán Arossa

fotos Ariel Cuellar

17 años (y una eternidad de adversidades en el medio) tuvieron que pasar para que el himno de Conmebol sonara en un partido Albiazul.

  fotos Ariel Cuellar

En la tarde-noche de este miércoles 6 de febrero, el presente del Matador volvió a condecirse con su historia. El Club Atlético Talleres volvía a medirse de manera internacional. Y, encima, fue ante nada más y nada menos que San Pablo, gigante del continente americano.

Desde el minuto cero se vivió un partido trabado, donde reinaba el nerviosismo y el miedo a equivocarse. Incluso fue el conjunto paulista quien se destrabó y a finales del primer tiempo puso contra las cuerdas al arquero Herrera, que con jerarquía se hizo dueño del área. En la segunda mitad, ya sí vimos a un equipo local más protagonista, con Palacios suelto, listo para encarar mano a mano la defensa rival.

De a poquito, La T empezaba a poner contra su valla al visitante, aunque la claridad era la gran ausente de la noche y parecía que era difícil que algo altere ese resultado. Sin embargo, ese algo llegó: un zapatazo formidable de Juan Ramírez, que con su zurda puso la pelota pegada al ángulo derecho del guardametas brasileño y, así, el tanto que abrió el marcador.

En ese momento, Talleres comenzó a encontrar los espacios y creció la figura de Pochettino. El joven de Boca, entre otras cosas y para siempre en la memoria albiazul, eludió a dos hombres y buscó la pared con un Arias que le pivoteó perfecto y le dejó la bocha redondita para que el pibe patee y ponga cifras definitivas. De ninguna manera decimos que este encuentro ya está definido ni que Talleres araña la clasificación, pero es atinado señalar que va con un margen favorable al Morumbí. Su obligación en tierras brasileñas será administrar la diferencia que logró sacar, aunque eso será tema de análisis. Ahora, nobleza obliga: disfrute, Matador.