En un partido donde le salió todo y su rival nada, el albiazul borró de la cancha al celeste y lo venció con un categórico 3 a 0. Belgrano quedó en zona de descenso.

Como era de esperarse, el clásico cordobés dejó mucha tela para cortar. Ambos equipos, aunque con realidades muy diferentes, llegaban discutidos y con sus directores técnicos mirados de reojo. A Juan Pablo Vojvoda le estaba costando mantener el juego en los partidos y los resultados se le mostraban esquivos. Por el lado de Belgrano, que parecía no terminar de arrancar, se le sumó el sopapo de local recibido el fin de semana pasado y el fantasma del promedio que asusta y es una realidad.

El partido comenzó con un Talleres más metido, intentando jugar por las bandas y aprovechando el trabajo de sus laterales y wines. En el visitante, en cambio, el único que parece haber entendido la magnitud del partido que se estaba disputando fue Matías Suárez.
Sobre el final del primer tiempo, tras una encarada de Ramirez y una torpe salida de Rigamonti, insólito héroe en El Monumental pero villano en casi todo el campeonato, le derribó y cometió penal. El mismo delantero que recibió la falta fue el encargado de estampar la primera ventaja en el marcador con un disparo fuerte y arriba.

Belgrano no supo asimilar el masazo y salió dormido al segundo tiempo dormido. Eso lo aprovechó el joven Bustos, que en dos minutos de juego encaró en libertad y clavó un zapatazo formidable. 2 a 0.


Foto Ariel Cuellar

Enseguida, apenas unos minutos después, la ofensiva albiazul atacó por el flanco izquierdo y, con algo de fortuna tras una serie de rebotes, el joven Bustos marcaría el tercer gol para la T y el segundo en su cuenta personal, que sacaría completamente del partido a un Belgrano que ya no estaba.

En 5 minutos, ya estaba terminada la cuestión. El resto del tiempo fue, para el visitante, una tortura. Los peores momentos del Pirata desde que volvió a primera.

Debemos hacer un párrafo aparte para las dos hinchadas, que nos entregaron una verdadera fiesta y demuestran que el público visitante no es una utopía.


Foto Ariel Cuellar

Parece que esto para Talleres es un despegue, un espaldarazo que le servirá para hacer bandera y olvidarse de los murmullos.


Foto Ariel Cuellar

Por el lado de Belgrano, es obligatorio un momento de profundo análisis y girar el timón por más que duela, porque así lo que se viene es negro.