Foto LEONARDO REA

En un partido muy pero muy flojo, Boca Juniors perdió y se quedó afuera de la copa argentina ante un Gimnasia, que lo peleó y se lo ganó en el final.

En la cancha hubo un solo equipo. Sin jugar bien del todo, los once que dispuso Troglio tuvieron la idea clara, el hambre y las ganas. Todo lo que le faltó a los del frente.

Guillermo paró en cancha el equipo, a priori, titular. El que, de pronto, decidió no poner el domingo pasado ante River. Tuvo el accidente de Benedetto, que sufrió una contractura a los pocos minutos de juego y pidió el cambio. Entró Tévez, que fue el mejor de Boca. El que más intentó.

No sé bien qué le faltó al equipo. Jugaron mal en todas las líneas. Gimnasia le presionó la salida e iba a cara de perro en cada dividida, dejándole al equipo de Buenos Aires una tenencia de pelota más que pasiva.

En un momento donde nadie le daba una mano a Barrios en la mitad de la cancha, la dupla técnica decidió ponerlo a Nandez y sacar a Mauro Zárate, un cambio que trajo cola.

A falta de un par de minutos, tras un desborde a la espalda de Bufarini, el venezolano Juan Huertado, que desató la desazón para el equipo de la Ribera.

La única cuestión rescatable fue el buen rendimiento de Agustín Rossi, que se lo ve muy seguro y presto para asumir la responsabilidad de retomar nuevamente el arco xeneize.

De ahora en más, la Copa Libertadores se volverá El Sagrado Pabellón para Boca. Y tendrán que defenderlo el miércoles contra Cruzeiro.

Por el lado de gimnasia, quedan con la gran felicidad después de tanto subestimación. Ahora, a esperar a Central Córdoba de Santiago Del Estero.